Besadores profesionales: una crónica sobre vendedores de cariño

“Bajita pero bonita”, ésa era la tarjeta de presentación de Carolina. No era de las que duran mucho tiempo con un mismo hombre, porque es celópata. Se la pasaba encubierta (lentes de abeja reina) por allí, revisando Smartphones y perfiles de redes sociales de sus novios.


Luciano le cambió radicalmente la vida. Ella se lo ganó con honores en la sección de “productos de limpieza” de un conocidísimo supermercado de la ciudad, casi en las mismas circunstancias que envolvieron sus anteriores adquisiciones. Él la miró y pensó: “bajita pero bonita”, y ella, que vio ese pensamiento escrito en su mirada, se dijo a sí misma: “Ya es mío”. Era la rutina.

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Foto: vía Pexels

El primer mes fue light, como cuando se hace una dieta con verdadera convicción. Nada de cosas pesadas y ella evitando a toda costa que se le saliera el espíritu controlador que llevaba por dentro. Mirar cómo él se reía de sus mensajes privados y sin preguntarle “¿quién es?” o “¿qué te dicen?” le resultaba dificilísimo, tanto como es difícil para un político no decir mentiras.

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Foto: vía Pexels

Pero Luciano poseía unos aires distintos. Era misterioso y eso disminuía la capacidad de captación de Carolina. Antes le era imposible, por ejemplo, detectar el significado de lo que su dedo pulgar tuiteaba o whatsappeaba. Él la miraba, le regalaba un beso en alguna parte (siempre distinta) de su rostro y ella se ponía a pensar en otras cosas, consumándose como víctima de unas extrañas habilidades mágicas.

Besadores profesionales. Siéntete bien con nosotros

Con el tiempo, todo mundo veía que Carolina había cambiado, que era una mujer mucho más relajada. Y había dejado de usar los lentes de abeja reina. Pero por sobre todas las cosas, lo que más sorprendía era que había llegado a más de dos meses de relación con un hombre.

Un día, después de salir del trabajo, Luciano la llevó a un restaurante. Quería dedicarle una cena especial. “¿Me vas a pedir matrimonio?”, preguntó ella, incauta. Y él, entre risas, dijo: “No. Sólo quiero que sepas mi secreto”.

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Foto: vía Pexels

De su billetera, él sacó una pequeña tarjeta y se la entregó en las manos. Tenía escrito en letras de molde: “Besadores profesionales. Siéntete bien con nosotros”. Había además unos números de teléfono y un corazón hecho con varias líneas rojas. Un excelente diseño.

“¿Qué es esto?”, preguntó ella con voz serena. Él le respondió con un beso y la hizo sentir despreocupada. “¿Ves? —continuó—, es tan simple como que un beso puede cambiar tu vida para siempre. Y si aún no te has molestado, si has vivido tranquila como deberías vivir siempre, eso quiere decir que no he estado perdiendo el tiempo y tu familia tampoco ha perdido su dinero”.

Referencias:

Foto de cabecera: Adam | vía Flickr

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