Las historias más aterradoras en el espacio contadas por sus astronautas

Lejos de la Tierra el terror se intensifica.


La vez que a Chris Hadfield le fallaron sus sensores de distancia y velocidad treinta segundos antes del acoplamiento de alta precisión en la Estación Espacial Mir.

Durante el primer vuelo de Chris Hadfield, él junto a los demás astronautas que formaban parte de la misión, debían viajar en una nave espacial de aproximadamente ciento diez toneladas hacia un blanco del tamaño de una taza de café en la Estación Rusa Espacial Mir.

El trabajo de Hadfield era comunicarle al piloto la distancia y la velocidad que llevaban para el acoplamiento. El acoplamiento es un procedimiento en el que se debe tener alta precisión, en donde la distancia y la velocidad deben estar perfectamente calculadas ya que si por ejemplo se llega demasiado suave, la nave saldría rebotando hacia afuera y si se llega demasiado fuerte, entonces el impacto rompería la nave, lo cual terminaría con la vida de los astronautas.

El acoplamiento es un procedimiento en el que se debe tener alta precisión.

Cuando la tripulación se encontraba aproximadamente a diez metros de distancia, dos sensores comenzaron a dar información diferente. Hadfield cuenta que mientras que un sensor indicaba que estaban a diez metros, el otro indicaba que estaban a seis metros, lo cual les hizo pensar “¿los dos están equivocados? ¿O solamente uno de ellos?” ¿Qué podrían hacer? Con la velocidad que llevaban, en cuestión de treinta segundos debían solucionarlo antes de ocasionar un impacto.

Hadfield manejaba perfectamente las dimensiones de la base de acoplamiento, así que utilizó su pulgar como referencia para calcular la distancia observando por la ventana. Según sus cálculos estaban efectivamente a seis metros de distancia y no a diez. Además utilizó su cronómetro para asegurarse de la velocidad que llevaban y así determinar cuándo deberían activar los propulsores.

Afortunadamente los cálculos fueron acertados y pudieron hacer el acoplamiento perfectamente, según Hadfield, no fue hasta un minuto después cuando uno de los tripulantes dijo “¡Lo logramos!” sintiendo todos un gran alivio.

Cuando Bob Curbeam quedó cubierto de amoníaco tóxico durante una caminata espacial.

Bob Curbeam tenía muchísima experiencia en cuanto a caminatas espaciales, pero no estaba preparado para el momento en el que un tubo de refrigeración se rompiera derramando un montón de amoníaco tóxico sobre su traje durante una caminata sobre la International Space Station.

Las naves espaciales como ya sabes son espacios cerrados; el oxígeno que se encuentra presente es el que han llevado con ella en los tanques así que los astronautas deben tener mucho cuidado en no llevar nada que pueda contaminar este espacio en común.

A este punto, Curbeam debía encontrar la manera de detener la fuga y al mismo tiempo volver a la nave sin introducir el volátil amoniaco que había contaminado su traje.

Curbeam debía encontrar la manera de detener la fuga y al mismo tiempo volver a la nave.

Curbeam detuvo la fuga sin ningún problema. “Conocemos el sistema muy bien y los entrenamientos son muy completos. Incluso si estás haciendo las cosas sobre la marcha, puedes lograrlo racionalmente”.

El verdadero inconveniente era su regreso a la nave espacial, pero sus viejos conocimientos de ciencias le ayudaron en ello. El amoníaco tiene un punto de ebullición bajo, así que básicamente debía esperar algunos minutos hasta que se evaporara por completo de su traje.

Curbeam procedió a “tomar el sol” (literal) por treinta minutos adicionales mientras estos gases tóxicos se iban (¿cuán terrorífico es esto?). Luego un compañero astronauta le sacudió el traje y para estar AÚN MÁS SEGUROS, la tripulación estuvo en la nave por un período de tiempo con máscaras de oxígeno para no inhalar el amoníaco.

Cuando Scott Parazynski tuvo que aventurarse -muy- lejos de la seguridad de la ISS para arreglar unos paneles solares importantes mientras corría el riesgo de morir electrocutado.

Scott Parazynski

Foto: NASA

Parazynski prácticamente realizó una caminata espacial heroica cuando un panel solar quedó atascado poniendo en riesgo la vida de toda la tripulación que se encontraba en la ISS (International Space Station o Estación Espacial Internacional) y bueno, en realidad también estaba en riesgo la Estación en sí.

La misión original era instalar un módulo que serviría como base para los futuros laboratorios a adicionarse en la Estación Espacial Internacional. Para la misión era necesario movilizar algunos paneles solares. Parazynski comentó que la misión iba muy bien hasta que miembros de la tripulación ordenaron extender estos gigantes paneles. En este momento, los paneles quedaron atorados unos con otros y comenzaron a romperse.

Existía la posibilidad de que al intentar desacoplar el transbordador, se destrozara la nave e incluso la estación completa.

Él consideraba que “no era seguro llevar a cabo esa misión, pero no era el comandante así que no podía hacer más nada”. Cuenta que fue un momento de mucho estrés pues existía la posibilidad de que al apenas intentar desacoplar el transbordador, se destrozara la nave e incluso la estación completa.

Después de setenta y dos horas de intenso trabajo, la NASA en Tierra ideó un plan. Parazynski debía trabajar en un punto muy alejado de la escotilla sobre una extensión de un brazo robótico de casi treinta metros de largo. Esta distancia jamás había sido cruzada. La misión era extremadamente peligrosa pues Parazynski corría el riesgo de ser electrocutado por las cargas eléctricas de más de cien voltios que viajan a través de los paneles.

“Todas las herramientas con las que trabajé fueron especialmente aisladas. Las partes de metal de mi traje espacial fueron cubiertas por una cinta especial para evitar cualquier contacto que me pudiese electrocutar” contó Parazynski. Afortunadamente todo salió bien, pero Parazynski sigue pensando que no ha sido una de las mejores misiones de la NASA.

Cuando la cena de Jerry Linenger fue interrumpida por uno de los peores incendios jamás visto en una nave espacial en órbita.

Jerry Linenger se encontraba ya en la mitad del período previsto de su extensa misión en la Estación Mir cuando un catastrófico incendio interrumpió lo que suponía debía ser el período de tiempo más largo que un astronauta americano haya pasado en el Espacio.

Debíamos decidir quiénes tres se salvarían y quiénes tres se quedarían y morirían.

Normalmente la estación abarca a tres astronautas por misión, menos en el proceso en el que hay cambio de tripulación, en el que pueden estar seis astronautas al mismo tiempo.

Con seis astronautas en la nave, la cantidad de oxígeno producida por los tanques a veces no es suficiente. En esos casos los astronautas suelen emplear tanques de oxigeno suplementarios.

Las cosas pasaron de rutinarias a catastróficas cuando uno de los tanques cargado de combustible y químicos se incendió formando una grandísima bola de fuego. “Estaba comiéndome un gran bocado de remolacha deshidratada cuando se activaron todas las alarmas” comentó en una oportunidad Linenger.

Este es uno de los peores escenarios que puede vivir un astronauta. “Tienes que luchar contra tres elementos considerando que tu reacción debe ser más o menos automática para no morir”… Estos tres elementos son fuego, sustancias tóxicas esparcidas por el aire y la rápida descompresión (que es algo casi seguro que suceda si la llama perfora la lámina de oxígeno que protege a la tripulación del espacio).

El incendio duró aproximadamente catorce minutos. Mientras tanto, Linenger y su tripulación se encargaban de cuidar que no surgieran incendios secundarios (que los pondrían aún en más aprietos).

“A medida que los gases se calentaban, las cosas se iban derritiendo… Era una calientísima bola de fuego fuera de control”.

Mientras tres miembros de la tripulación se encargaban de apagar el incendio, los otros tres preparaban el procedimiento para una evacuación de emergencias. “Una de las naves para evacuar quedó atrapada por el incendio, así que debíamos decidir quiénes tres se salvarían y quiénes tres se quedarían y morirían”.

Afortunadamente, el equipo nunca debió tomar esa decisión. “Fuimos capaces de apagar el incendio y evitar que se propagara… La otra parte difícil fue intentar mantenernos en una atmósfera llena de humo”. La tripulación utilizó máscaras de oxígeno hasta estar seguros que el riesgo habría desaparecido por completo.

“En ese momento debes deshacerte de cualquier distracción, enfrentar el miedo mientras que te das cuenta: si no me mantengo calmado, moriré”.

Cuando Soyeon Yi y su tripulación debieron preguntarle a unos pastores nómadas en Tierra si tenían teléfonos móviles ya que el procedimiento de aterrizaje salió mal y los desvió 482 Km de su destino.

Soyeon Yi

Foto: NASA

Soyeon Yi fue la primera koreana en el espacio. Luego de una exitosa visita a la Estación Espacial Internacional, se encontraban preparados para el retorno en la Tierra cuando todo comenzó a salir mal.

La cápsula espacial Soyuz comenzó a presentar algunos problemas, desviando a la nave lo cual activó en las computadoras una señal de “entrada balística” (un aterrizaje nada agradable en el que se aprovecha la fuerza de gravedad y la velocidad).

Fue una entrada empinada, rápida y calurosa, ¿el problema? Llegaron al medio de la nada.

“Normalmente, en este tipo de aterrizajes, hay dos o tres helicópteros preparados para aplicar primeros auxilios y ayudarte a pasar de la cápsula a la nave aérea… Pero cuando llegamos no había nada ni nadie que nos rodeara”.

Soyeon Yi cuenta que “todo fue una pesadilla debido a que la gravedad puede ser muy abrumadora cuando pasas tanto tiempo en el espacio. Literalmente tuvimos que arrastrarnos para poder salir de la nave”.

Cuando finalmente pudieron salir de la cápsula se tendieron en el piso y fue en ese momento que se acercaron unos pastores de un pueblito casi nómada de Kazajistán aterrados y conmocionados por la escena.

“No tenían idea sobre el programa espacial, no tenían idea de lo que era un astronauta… Finalmente se dieron cuenta que éramos humanos y no alienígenas y procedieron a ayudarnos”.

Los pastores ayudaron a uno de los miembros de la tripulación que aún se encontraba dentro de la cápsula mientras que la tripulación les preguntaban si tenían algún teléfono (no tenían nada).

A medida que se iban reponiendo y al darse cuenta que no tenían ni remota idea de donde estaban, volvieron a la cápsula y junto al GPS se comunicaron con la Agencia Rusa Espacial para finalmente pedir ayuda.

Soyeon Yi cree que quizás la experiencia fue más aterradora para los que no tenían idea de lo que había ocurrido que para ellos mismos. “En ese momento pensaba en todos los koreanos que esperaban el retorno de la primera persona de su país a la Tierra”.

Después de leer estas historias se te quita el prejuicio de lo que le sucedió a Sandra Bullock en Gravity es pura ficción, ¿no?

Referencias:

Foto de cabecera: Unsplash | Buzzfeed

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