Todo lo que necesitas saber sobre los vampiros

La atracción que tenemos hacia el vampirismo nos invita a reflexionar más sobre este tema y a esclarecer ciertas cuestiones, por eso en red.land decidimos hacer este post sobre los orígenes del mito para ofrecértelo. Esperamos disfrutes de su lectura…


Hace un par de años veíamos cómo el furor de la saga Twilight (o Crepúsculo en español) inundaba las exhibiciones de las librerías, e incluso de tiendas que usualmente no venden libros. Era como revivir el suceso que había representado Harry Potter en su momento, y los libros de Dan Brown luego. Probablemente, entre los cuatro libros que componen la saga Twilight (Crespúsculo, Luna nueva, Eclipse y Amanecer) el número de ventas por el momento ronde los cientos veinte millones de ejemplares en todo el mundo.

El vampiro ha tenido sus altos en la historia de la literatura universal, pues el personaje y el mito en sí mismos son fascinantes

Ahora entendemos por qué las editoriales se matan entre sí para poder adquirir los derechos de la saga y disfrutar de sus beneficios, lo cuales han dado una vida de lujos a su autora, Stephenie Meyer, de quien poco se ha escuchado recientemente a pesar de haber sacado a la luz otro libro llamado The Chemist (2016). Quizás haya decidido vivir de los remanentes de un éxito que muy difícilmente podrá repetirse.

Imagen: portada de la primera edición de Twilight (2005)

Imagen: portada de la primera edición de Twilight (2005)

La trama de Twilight (publicada entre 2005 y 2008) se resume en la historia de amor, con sus altos y bajos, entre una chica llamada Isabella “Bella” Swan y un vampiro “adolescente” llamado Edward Cullen. No hay mucho más que decir sobre ello; de hecho, lo único “innovador” que tiene el cuento es que los vampiros brillan como cristales cuando se exponen a la luz del sol, en lugar de morir, como tradicionalmente ha sido.

Quizás, el éxito de Twilight pueda deberse, como siempre, a la puesta en práctica de nuevas formas de marketing que tienen la suerte de funcionar e impactar en todo el mundo, o simplemente al azar; pero de seguro ni la calidad literaria ni la innovación tuvieron que ver en ese sentido.

Sí podemos concordar en que el vampiro ha tenido sus altos en la historia de la literatura universal, pues el personaje y el mito en sí mismos son fascinantes. Este éxito se ha dado conforme a su propia evolución, que lo llevó de ser siempre el malo del cuento a ser hoy día hasta la víctima o el héroe.

La leyenda de Lilit

La figura del vampiro es más antigua de lo que la gente piensa y casi siempre ha sido relacionada con el plano demoníaco, es decir, siempre ha sido una forma antagónica y oscura. De acuerdo con la principal característica del personaje: usar la esencia vital de otros como alimento, podríamos decir que las primeras referencias históricas de un vampiro están en la tradición oral judía recogida posteriormente en los escritos del Talmud.

Imagen: cuadro de Lilith (1892) por John Collier

Imagen: cuadro de Lilith (1892) por John Collier

Específicamente, la figura de Lilit, supuesta primera mujer de Adán (anterior a Eva), adoptó una forma demoníaca por iniciativa propia cuando abandonó el Jardín del Edén para unirse a los demonios.

La principal característica del personaje es usar la esencia vital de otros como alimento

Lilit se originó por la necesidad de explicar ciertas diferencias visibles entre un hombre y una mujer, interpretación distinta al hecho clásico de que ambos representan lo mismo para la creación: tierra. Su leyenda era utilizada para cuestionar la “no-obediencia” de la mujer hacia el hombre, a diferencia del cuento tradicional del fruto prohibido que cuestiona la obediencia de los hombres y las mujeres hacia Dios. Aunque también la usaban como cuento de terror para asustar a los niños y a los varones adolescentes que experimentaban las eyaculaciones involuntarias durante el sueño.

(Para saber más de esto, puedes leer sobre los Súcubos).

Parece ser que los orígenes de Lilit son mesopotámicos, por lo que la criatura en sí misma sería más antigua que la propia mitología judeocristiana, y eso se entrevé cuando la Biblia no le da un tratamiento formal sino que la menciona como un hecho dado (o que todo el mundo conoce) en el libro del profeta Isaías.

Imagen: Lilith por Ivan | vía Flickr

Imagen: Lilith por Ivan | vía Flickr

Es clave, por ejemplo, entender la mención de la palabra “Lilit” en el contexto de “criatura nocturna” y relacionada a su vez con la “lamia” de la Mitología Griega; este conjunto evidenciaría la imagen contrastante que tenemos de los vampiros hoy en día: seres relacionados con la noche y el miedo pero a la vez hermosos y seductores.

Orígenes en otras culturas

Tal vez, la leyenda de Lilit sea la más conocida en referencia al tema del vampiro debido a que concuerda prácticamente con todas las características básicas que hoy conocemos del personaje. Pero leyendas mágicas sobre demonios de la noche ha habido siempre y prácticamente en todas las civilizaciones del mundo.

Imagen: Weng's Chop | vía Flickr

Imagen: Weng’s Chop | vía Flickr

En la China de la Dinastía Qing, se hablaba de los Jiangshi (“cadáver rígido” en español), la versión asiática del vampiro europeo que ha evolucionado al punto de ser muy influyente en la tradición la literaria de esa región del mundo y en su cultura pop.

También hay versiones del mito en el Medio Oriente y en la América precolombina. La recopilación de la tradición árabe, Las mil y una noches, nombra al demonio Gul, habitante de los cementerios y demás lugares inhóspitos. Mientras que los antiquísimos Mayas, con una milenaria tradición histórica y cultural, creían que el inframundo era custodiado por una bestia mitológica con aspecto de murciélago llamado Camazotz, el cual también sería incluido dentro del panteón azteca en el siglo XIV.

El vampiro eslavo

La era cristiana abarcó casi la totalidad de la cultura occidental desde que el Imperio Romano legitimó al cristianismo como religión en el Primer Concilio Ecuménico, realizado en Nicea, en el año 325, lo que inició el sincretismo sobre los diferentes folclores de toda Europa.

Entonces, el vampiro se relacionó directamente con la herejía y con la acción de Satanás sobre el plano terrenal. De modo que, para la Inquisición, valía lo mismo un vampiro que una bruja; ambos seres tendrían que haber nacido de algún tipo de pacto con el Diablo.

El vampiro era, para los europeos orientales, un “no-muerto”, al igual que los zombis y los liches

El mito del vampiro se hizo cada vez más elaborado con el paso del tiempo, sobre todo en Europa Oriental, donde el paganismo persistía fuertemente ante la evangelización. Fue allí donde el personaje se relacionó directamente con la necrosis o la muerte de la carne, es decir, una criatura de cuerpo muerto pero vuelta a la vida por algún fenómeno de orden sobrenatural. Se creía que lo que causaba el vampirismo era una muerte no santa que condenaba al cadáver a errar por el mundo de los vivos alimentándose de la vitalidad de otros. El vampiro era, para los europeos orientales, un “no-muerto”, al igual que los zombis y los liches, salvando las diferencias que existen entre cada uno.

Imagen: FICG.mx | vía Flickr

Imagen: FICG.mx | vía Flickr

Además del paganismo exacerbado en los pueblos eslavos, el vampiro de esas zonas se volvió muy popular cuando comenzaron a cundir las pestes y epidemias por insalubridad; por lo que había que, como buenos cristianos supersticiosos, echarle la culpa a algún tipo de demonio de todos esos problemas físicos que entonces la ciencia no podía explicar. No por casualidad, las leyendas vampíricas más conocidas provienen de Europa Oriental, concretamente de Rumania y Hungría.

La inoculación del vampiro en los libros de texto

Hay que dar crédito a los ciudadanos europeos de la Edad Media porque, en virtud de su aburrimiento y casi nula calidad de vida, pasaban el tiempo inventando historias mágicas que hoy atesoramos fervorosamente.

Bram Stoker, se basó en el personaje de Vlad “El Empalador” para crear al famoso Conde Drácula

En ese contexto medieval, a muchos personajes reales cuyas personalidades y formas de vida fueron particularmente llamativas, se les imbuyeron características mágicas o demoníacas. Está el renombrado caso de Vlad “El Empalador”, el sanguinario príncipe de Valaquia (sur de Rumania) descendiente de la dinastía “Dracul” (“dragón” o “diablo”, dependiendo de la interpretación), a quien se le atribuye heroísmo en contra del avance del Imperio Otomano sobre Europa Oriental a finales del siglo XV, pero cuyo aspecto físico (nada atractivo) y personalidad prácticamente psicópata no dejaban buen sabor de boca a su pueblo.

El escritor irlandés, Bram Stoker, se basó en el personaje de Vlad (o en lo que se decía de él) para crear al famoso Conde Drácula, que es hasta el momento el vampiro más famoso de la historia. Muchos criticaron y critican a Stoker porque el Vlad histórico y el de su creación no tienen ningún parecido, o también porque Drácula no parece ser una novela con un valor destacable más allá del simple hecho de haber obtenido una gran fama en su tiempo, una fama tal que terminó convirtiéndose en estereotipo para lo que vendría después.

Imagen: Vlad "El Empalador" y los enviados turcos por Theodor Aman

Imagen: Vlad “El Empalador” y los enviados turcos por Theodor Aman

Pero Vlad no sería la única inspiración de Stoker para crear a su vampiro. Su historia se compuso de elementos recopilados de leyendas antiguas y de otras ficciones que ya habían sido publicadas y que habían sentado las bases de lo que hoy se conoce como literatura gótica.

Recordemos que alrededor de cien años antes del nacimiento de Stoker, hubo una especie de paranoia en Europa con la aparición de múltiples testimonios sobre avistamientos de vampiros que rápidamente se convirtió en una histeria colectiva y originó estudios serios sobre el tema, tanto de parte del clero católico como de reconocidos filósofos de La Ilustración.

(Se puede leer sobre la historia de los vampiros serbios, Petar Blagojević y Arnold Paole, para complementar la información anteriormente expuesta.)

Imagen: Grabado de Don Agustin Calmet (1750)

Imagen: Grabado de Don Agustin Calmet (1750)

En esa época vieron la luz los siguiente libros: Disertaciones sobre las apariciones de ángeles, demonios y espíritus y sobre los fantasmas y vampiros de Hungría, Bohemia, Moravia y Silesia (1746), del abad de Senones, Agustin Calmet; Pensamientos cristianos y sabios sobre el vampiro o chupasangre (1733), de Johann Christoph Harenberg; y una sección del Diccionario filosófico (1764) de Voltaire.

Imagen: John William Polidori por F.G. Gainsford

Imagen: John William Polidori por F.G. Gainsford

Sin querer, estos señores, y muchos otros que también hablaron sobre el tema de forma erudita, sembrarían el germen del personaje literario que afloraría por primera vez en los cantos y poemas góticos de finales del XVIII y principios del XIX. El más famoso de ellos fue El Vampiro, de John William Polidori, publicado en 1818 y que surgió de una muy conocida reunión que sostuvo en Ginebra, en el verano de 1816, con Lord Byron, Percy Shelley y su querida Mary (la autora de Frankenstein y precursora de la ciencia ficción), y la hermanastra de esta última, Claire Clairmont (esposa de Byron).

Luego, la incrustación del romanticismo en la literatura en el siglo XIX dotó al vampiro de un carácter más dramático. Éste comenzó a ser utilizado para justificar literariamente los sentimientos más oscuros y prohibidos del ser humano, como por ejemplo la homosexualidad, que forma parte fundamental de una de las novelas más famosas de la época, Carmilla, escrita por el irlandés Sheridan Le Fanu y publicada en 1872. Esta novela cuenta la historia de Laura, una joven que narra el cambio que da su vida cuando conoce a Carmilla, la extraña condesa que le ataca de forma romántica y que resulta ser vampira.

Imagen: Ilustración original de Carmilla por David Henry Friston

Imagen: Ilustración original de Carmilla por David Henry Friston

Carmilla está inspirada en la condesa Erzsébet Báthory, quien realmente existió y vivió en lo que hoy es el territorio de Hungría entre los años 1560 y 1614. La leyenda dice que Báthory era el último eslabón de un linaje maldito, pero lo que sí se sabe en realidad es que tenía una fascinación por la tortura y un gusto supersticioso por la sangre de las vírgenes. Mandaba a mutilar a sus sirvientas para bañarse con su sangre y así, según ella, conservar la juventud. Se calcula que mató a seiscientas cincuenta personas, lo que le daría el récord de la mujer que más ha asesinado en la historia de la humanidad.

El vampiro contemporáneo

Así como la leyenda Vlad, Carmilla fue una de las principales referencias que Bram Stoker utilizó para componer su principal obra, Drácula, publicada en 1897, y que sería el punto de inflexión entre un siglo y otro con respecto al género gótico.

El vampiro se volvió una figura recurrente en la cultura pop

Drácula se llevó al teatro en vida del propio autor, aunque la primera adaptación cinematográfica, planteada por Friedrich Wilhelm Murnau en los años veinte, tuvo problemas para salir a la luz debido a que éste último no pudo hacerse con los derechos de la obra. Murnau escribió su propia historia de Drácula, prácticamente idéntica a la original —aunque con los nombres de los personajes cambiados—, y realizó la película, a la cual llamó Nosferatu, una sinfonía de horror (1922). Al ver lo similar que eran las dos obras, la viuda de Stoker demandó a Murnau por infracción de derechos de autor y ganó. Creyó que condenaba a la película al olvido cuando un tribunal ordenó destruir todas las copias pero, por suerte, muchas cintas que habían sido vendidas a otros países sobrevivieron y permitieron que el trabajo de uno de los más grandes directores del cine mudo de todos los tiempos se conociera en la actualidad.

Después de Nosferatu, el vampiro se volvió una figura recurrente en la cultura pop, sobre todo después de la Segunda Gran Guerra, cuando la contracultura y lo “freak” invadieron el mercado global de las artes. Entonces, ya todo valía, incluso el vampiro visto como un revolucionario o como el producto de los errores humanos, y no como un personaje de terror.

Hubo autores que, en esta lid, sacaron al vampiro del terror gótico y lo introdujeron en la ciencia ficción. Muchas veces las criaturas que creaban haciendo esto se parecían poco al tradicional vampiro eslavo, pero mantenían algunas de las características que usualmente componen al personaje mítico, como la fotofobia y la propensión a la sangre. Tal es el caso de Soy Leyenda, de Richard Matheson y publicada en 1954, novela que se desarrolla en un futuro ficticio, un par de años después de que una plaga mortífera matara a gran parte de la población del planeta y convirtiera en vampiros a quienes no pudo matar.

El vampirismo, la cuestión de la inmortalidad y el erotismo

Muchos desvirtúan a Drácula porque, ciertamente, la motivación del personaje es puramente depredatorio-amorosa. En pocos o casi ningún momento de la obra se hace real énfasis en la necesidad que tiene un vampiro de robar la esencia vital de los seres humanos, idea original que da sentido al mito. En ese orden ideas, el vampiro que resonó en los años setentas no sólo recuperó ese ingrediente filosófico que Stoker había desechado en su momento, sino que además añadió un componente nuevo: la cuestión de la inmortalidad…

Imagen: captura de pantalla de Tom Cruise haciendo de Lestat de Lioncourt en la película Entrevista con el vampiro (1994) | vía YouTube

Imagen: captura de pantalla de Tom Cruise haciendo de Lestat de Lioncourt en la película Entrevista con el vampiro (1994) | vía YouTube

Estamos hablando de la exitosísima novela de Anne Rice, Entrevista con el vampiro, publicada en el año 1973 y donde se muestra por vez primera a un vampiro explayándose en sus sentimientos de angustia y felicidad. He allí la pregunta que se plantea la obra: ¿Cómo es la psique de un ser que ha vivido por doscientos, trescientos y hasta mil o dos mil años?

Esta cuestión es el hilo conductor de una novela que da inicio a la que quizás sea la saga sobre vampiros más completa que haya existido jamás, las Crónicas vampíricas, compuestas hasta el momento por once volúmenes, algunos muy gordos, donde prácticamente no se deja cabo suelto sobre el mito en cuestión y además se agregan elementos como la génesis de los vampiros y los contextos históricos de los que han sido testigos a lo largo de sus vidas.

Foto: Anne Rice | vía Wikipedia

Foto: Anne Rice | vía Wikipedia

Lestat, el protagonista de la saga de Rice, es un personaje hedonista, que ha aprendido a sobrellevar su inmortalidad de la forma más “alegre” posible. En ese mundo de fantasías donde parece que todo vale para un vampiro, los más bajos deseos de su extinta humanidad afloran y se describen sin tapujos, rescatando ese valor erótico sugerido e histórico de la punción del vampiro y extendiéndolo a otros ámbitos de su personalidad, siempre con una fascinación por lo asexuado, andrógino o queer.

La figura del vampiro protagonista y “sexy” se volvió tan atractiva que llevó a las Crónicas vampíricas de Anne Rice a un éxito inigualable (entre todo sus volúmenes ha vendido alrededor de cien millones de copias en todo el mundo) sobre todo entre los lectores jóvenes, esto desató una ola de imitaciones más ligadas al ámbito de la novela rosa, como la saga Diarios de vampiros de Lisa Jane Smith, con cuatro volúmenes originales y varios “spin-off” que se han venido publicando desde el año 1991; la saga de Los misterios de los vampiros del sur, de Charlaine Harris, con trece volúmenes publicados entre 2001 y 2013; y la saga Crepúsculo ya explicada en el primer subtítulo de este texto.

Todas estas obras han tenido sus respectivas adaptaciones audiovisuales, tanto en la pantalla grande como en la pantalla chica, lo que ha convertido al vampiro en un personaje del mainstream global, con su naturaleza brutal y terrorífica diluida por un chorro de publicidad masiva.

La “subcultura gótica” y los “vampiros reales”

La fascinación por la oscuridad siempre ha existido. Pero no fue sino hasta los setentas que nació la “subcultura gótica” como un derivado de los punks; exaltaba la oscuridad y el material artístico relacionado con el horror, sobre todo la música: el post-punk, el rock gótico y el dark wave. La “subcultura gótica” es un movimiento muy amplio que hoy en día abarca muchísimos estilos y manifestaciones culturales en diversos países, y una de esas manifestaciones es la de los llamados “vampiros reales”, que no son más que personas que han decidido adoptar una vida de vampiro.

Existen enfermedades que podrían suponer una actitud vampírica en el paciente debido a sus síntomas, como la rabia y la porfiria.

Sobre esto existe toda una explicación a la que, por supuesto, se le achacan orígenes tanto naturales como sobrenaturales. Se dice que muchas de estas personas que se consideran a sí mismas vampiros, sufren de trastornos psicológicos de personalidad o de “vampirismo”, una parafilia relacionada a la excitación sexual por la sangre y por una forma particular de obtenerla, precisamente al morder la carne de otra persona. Estos “vampiros reales” moldean sus vidas para salir de noche y dormir durante el día. Algunos también beben sangre de personas que se ofrecen voluntariamente a dárselas, lo que ha devenido en toda una cuestión legal en cuanto a contratos que se firman para tal hecho y gastos en exámenes de laboratorio para comprobar la sanidad de las “víctimas”.

No es un secreto que, a nivel clínico, existen varias enfermedades que podrían suponer una actitud vampírica en el paciente debido a sus síntomas, como la rabia (que provoca deseos de morder) y la porfiria (que provoca fotofobia o miedo a la luz). Muchos estudiosos del tema dicen que el mito del vampiro tiene sus orígenes en antiguas epidemias de este tipo de enfermedades, aunque esto no está comprobado y sugiere poco sobre por qué surge el mito.

Conclusiones

Parece que el vampirismo nos fascina, y de eso no hay ninguna duda, así como en general nos fascina todo aquello cuya explicación deba necesariamente provenir de reflexiones mágicas. Si no nos fascinara, no existirían tantos productos relacionados con este mito. Por eso, leer y conocer más acerca de él es fundamental para entender de donde nos proviene el encanto y por qué gastamos nuestro dinero en ello sin pensarlo mucho.

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