Nada más espeluznante que el trabajo de los cazadores de tormentas

Cazar tormentas no es una labor sencilla ni se exime de peligros, pero normalmente quienes van detrás de los tornados saben prepararse muy bien para el cometido.


Casi siempre se trata de fotógrafos o científicos que buscan indagar sobre las peculiaridades de estos eventos y en general de la ciencia meteorológica, aunque de igual manera existen quienes organizan expediciones guiadas para turistas locos o atrevidos que desean experimentar el nivel extremo de adrenalina que se siente al ir tras un tornado.

Foto: vía Flickr.

Indiferentemente del fin que antecede a los cazadores de tormentas, estos profesionales cuidan colocarse a una distancia bastante apartada de los tornados, pero a su vez se cuidan de no perderlos de vista en ningún instante.

¿Pero qué son exactamente los tornados?

Los tornados son fenómenos que se basan en el choque a altas velocidades de masas de aire caliente y frío que circulan en la atmósfera. El lado superior parte de una nube conocida como “cumulonimbus” mientras que el inferior entra en contacto con la superficie terrestre, siendo así el cuerpo ciclónico atmosférico con mayor densidad energética de la Tierra.

Los tornados más extremos pueden llegar a una velocidad de hasta cuatrocientos cincuenta kilómetros

Generalmente, abarcan una porción relativamente pequeña de espacio, hasta setenta y cinco metros de anchura total y, dependiendo de la intensidad, puede tener desde unos pocos segundos a una hora de vida. Las velocidades de sus vientos oscilan entre sesenta y cinco y ciento ochenta kilómetros por hora, aunque los más extremos pueden llegar a una velocidad de hasta cuatrocientos cincuenta kilómetros por hora y mueren habiendo tocado el suelo por varios kilómetros a la redonda.

¿Cómo se clasifican los tornados?

Los tornados se clasifican de acuerdo con una escala de niveles conocida como la Escala de Fujita o Escala Fujita-Pearson (que lleva el nombre de los meteorólogos Tetsuya Fujita y Allan Pearson de la Universidad de Chicago que la elaboraron en 1971), siendo el número uno el tipo de tornado más débil y el cinco el más fuerte. Se calcula que sólo un 2% del total de los tornados que se producen a nivel mundial en un año es de categoría cinco, por lo que resulta todo un “privilegio” para un cazador de tormentas toparse con uno. Pero esto, evidentemente, tiene su altísima cuota de riesgo básicamente porque, debido a la imprevisibilidad, el exceso de adrenalina puede llevar a muchos a cometer tonterías.

Tres cazadores de tormentas, entre ellos el ingeniero Tim Samaras (que participó en la serie de Discovery Channel “Cazadores de tormentas”), y su hijo, murieron en Oklahoma en el año 2013 mientras ponían en marcha un proyecto para el estudio de la formación de tornados y así contribuir con el mejoramiento de los sistemas de alerta.

Foto: vía Cater News.

Por su parte, el fotógrafo Brian Morganti ha tenido más suerte en estos encuentros con la naturaleza extrema. En el verano de 2015 captó catorce tornados distintos en un mismo día con su cámara. Las imágenes de Morganti revelan qué tan cerca estuvo de los remolinos para no perder sus más increíbles detalles. No obstante, sólo el orgullo obliga a los fotógrafos cazadores de tormentas a colocarse tan cerca de un tornado, pues no es necesario; con una distancia prudencial basta para captar una buena imagen y no correr tanto peligro.

Referencias:

Imagen de cabecera: vía commons.wikimedia.

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Muy Interesante.

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